Sistema nervioso y salud

Qué mal cuerpo me pone ésta persona,” solemos decir, sin ser capaces de precisar el motivo de esa desazón. En cambio, en otras ocasiones nos ocurre lo contrario y nos sentimos muy a gusto en compañía de otra gente, con las que nos ha resultado muy fácil la comunicación, aunque no sea conocida.

Como en ambos casos no existen motivos evidentes que justifiquen nuestras sensaciones, lo solemos llamar “Buenas o malas energías” según sea el caso. Los científicos más afines a la física clásica, no encuentran una esplicación para éste caprichoso comportamiento de las partículas; mientras que aquellos que están dispuestos a dejarse sorprender por nuevos descubrimientos, no rechazan la posibilidad de que el pensamiento del que observa, pueda influir en la materia.

Ante lo asombroso de los nuevos hallazgos de la ciencia, no es de extrañar que científicos que han sido formados a través de muchos años de estudios rigurosos, les cueste ahora aceptar resultados de ensayos, que rayan el campo del esoterismo o la brujería. Debemos de ser honestos con nosotros mismos, y humildes para reconocer las limitaciones, que nos llevan a desconocer muchas cosas a causa de que nuestro cerebro no puede captar otras dimensiones.

Tal vez, nuestra limitada capacidad de percepción, nos sitúe más cerca de lo que pensamos de nuestros antepasados, cuando adoraban al fuego, pensando que era un Dios o sacrificaban a sus hijos para calmar la furia de sus enojos, cuando había tempestades. Cuando pienso en la posibilidad de que estemos rodeados de mundos imperceptibles para nuestros sentidos, me hace recordar la sobremesa de una cena compartida con un grupo de gente que se siente atraída y dispuesta a dejarse sorprender por los avances recientes de la física cuántica.

En medio de una animada conversación entre los que participábamos; de pronto a alguien se le ocurrió preguntar en voz alta, ¿Vosotros creéis que existe Dios? Las respuestas fueron muy variadas. Algunos manifestaron abiertamente que no creían, otros dudaban, alguno lo imaginaba a su manera, pero sin duda alguna, la que más me llamó la atención fue la que dio un hombre que durante la cena, apenas había hablado, su actitud y su figura frágil le hizo pasar inadvertido, sentado a un extremo de la mesa.

Sin embargo, cuando las miradas interrogantes del grupo se posaron sobre él, para indicarle que le había llegado turno de manifestarse, no dudó en dar su respuesta. Lo que dijo, nos echó por tierra todo el discurso que habíamos hecho sobre infinidad de hipótesis, en relación con la existencia de Dios.

—Yo no hago preguntas a mi cerebro, si no está capacitado para responderlas—.

Una respuesta sin duda, tajante y escueta, que pudiera atribuirse a alguien que desea salir del paso sin complicarse en dar explicaciones o que no está interesado en el tema que se está tratando. Sin embargo, nos sacudió a todos por dentro; a mí en concreto, me situó en el plano donde creo que debemos estar, en el de seres con una conciencia limitada, que avanza a medida que la especia evoluciona, pero que desconoce otras realidades para las que su cerebro aún no está suficientemente evolucionado. —Somos algo más que materia—

La mayor parte de la gente ignora los descubrimientos que los científicos han conseguido en los laboratorios pioneros del mundo, en los que se ha podido demostrar la interrelación que existe entre el pensamiento y la materia. No muestran menor interés por conocer algo tan trascendente para la especie humana como es el mundo invisible en el que estamos inmersos y que tiene mucho que ver con nuestro comportamiento y estado de ánimo. —Nuestro cerebro es plástico e influenciable— Las emociones causan reacciones químicas en el organismo, la mente y el cuerpo se interrelacionan mediante el sistema nervioso central que transmite los estímulos al sistema endocrino, influyendo y modificando nuestro sistema inmunológico.

El guardián de las defensas, el escudo que nos protege de las enfermedades. Si somos conscientes de la influencia que el estado de ánimo tiene en nuestra salud y la relación que guarda el entorno en el que vivimos, en cómo nos sentimos. Deberíamos de otorgar más relevancia a procurarnos un modo de vida que vaya en consonancia con nuestras aspiraciones y gustos, y distanciarnos de aquello que nos causa contrariedad y nos altera.

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